Voluntad del Ser

Publicado el: 21 julio, 2017

Por Pablo Jozami-“Descartemos todos los conceptos teóricos e ideológicos de la libertad para que podamos inquirir si nuestras mentes, la de ustedes y la mía, pueden alguna vez estar realmente libres, libres de la dependencia del miedo, de la ansiedad, libres de los innumerables problemas, tanto de los conscientes como de los que se ocultan en las capas más profundas del inconsciente. […] A fin de inquirir tiene que haber libertad para mirar; tiene uno que estar libre de prejuicios, conclusiones, conceptos, ideales, de modo que pueda observar por sí mimo qué es el miedo. Cuando uno observa muy de cerca, íntimamente, ¿hay miedo alguno? Esto es: uno puede observar el miedo muy de cerca, íntimamente, sólo cuando el “observador” es lo “observado”. Jiddu Krishnamurti

Para comprender la Voluntad del Ser primero es preciso hacer una distinción entre lo que son vicios y virtudes del Ser, y desde la observancia personal como lo observado utilizar el discernimiento para ver y así comprender como ambos se relacionan con la Voluntad. Entendemos a las virtudes como el conjunto de expresiones de la Voluntad del Ser, por tanto son ejercidas en libertad y potestad, lo que define al obrar del Ser en absoluta consciencia de Sí. A diferencia de las virtudes, los vicios son entendidos como toda aquella compulsión que manifiesta de manera circular la recurrente acción de sí, sometiendo al Ser a un estado de esclavitud, desvirtuándolo de su naturaleza inmanente, convirtiéndolo en un adicto al comportamiento vicioso y exhortándolo al abandono de su voluntad.

Haciendo un mapeo cerebral de un corriente consumidor frente a la góndola del supermercado y de un adicto frente a la sustancia, encontraremos que no hay mayores diferencias entre la actividad de uno u otro: ambos se comportan como esclavos de aquello frente a lo que se encuentran, podremos observar cómo sus cerebros generan los neuroquímicos correspondientes a la sensación de dependencia por la que ambos atraviesan. La dependencia doblega la Voluntad, y sin Voluntad simplemente el Ser no es, solo es el vicio que se manifiesta a través del Ser esclavizándolo para existir, estableciendo ni más ni menos que la relación que se mantiene con un parasito. Ocurre simultáneamente —en la imagen que hemos construido al inicio del párrafo— que la simple presencia del elemento exterior genera en el interior de la mente —que sabe a la vez de la sustancia que contiene el elemento, por la cual y de momento su cuerpo se encuentra ciegamente en estado de esclavitud— el desencadenamiento de sustancias que aumentan los niveles de ansiedad, impulsando al cuerpo a cometer la compulsión del acto vicioso.

El poder ver esto con absoluta claridad despertará así la Conciencia del Ser, mediante la cual se manifestará la Voluntad del Ser y finalmente florecerá el Amor del Ser; es un acto que requiere solo de la permanente y silenciosa auto-observancia, que es la acción mediante la cual el observador se vuelve lo observado. Ello requiere de mucho silencio, silencio de la mente, sin escapes ni distracciones de ningún tipo; solo encontrándonos con nosotros mismos hasta llegar a la comunión con nuestros seres, hasta Ser en comunión con El Ser.

Ocurre algo de suma complejidad en este punto de todo el asunto, que es el hecho —como acertadamente lo expresa Krishnamurti en A los pies del maestro— de que las personas creen que ellas son sus deseos. Y claro, retomando la imagen del consumidor y el adicto, ambos creen ser lo que desean, con una fuerza tal que el temor que los invade por la idea de no tener lo que desean representa la negación absoluta a dejar aquello que creen forma parte de sí, incluso cuando esto les genera el mayor daño: la perdida de la Voluntad del Ser, y por ende el dejar de ser. Si verdaderamente hemos comprendido todo esto que acabamos de expresar, si verdaderamente lo hemos visto con total claridad, sólo entonces veremos que nos encontramos frente al mayor de todos los parásitos que pueden habitar la mente humana: el apego.

Volviendo un poco sobre nuestros pasos, retomemos las palabras de aquella cita a Confucio donde explica “[…] Cuando se gana el conocimiento de las cosas se logra la comprensión; cuando se gana la comprensión, la voluntad es sincera…” Ahora veamos la relación directa que hay entre la auto-observación y el conocimiento —en este caso de nosotros mismos— y cómo este último nos conduce a la comprensión de nuestro Ser. Comprender nuestro Ser es en esencia comprender lo que Soy, es el legítimo camino a la verdad puesto que la consciencia de lo falso nos conduce a hacer sincera nuestra Voluntad.

Ya habíamos expresado con anterioridad que para que haya libertad es preciso vivir sin apego, y como el despertar de la consciencia es un camino que puede entenderse en términos de desaprendizaje, es preciso comprender observando aquello que es antagónico a nuestra libertad. Entonces, y de ahora en adelante, es preciso observarnos y ver a la luz de la consciencia si nuestras manifestaciones de Ser son propias del vicio o de la virtud, si soy un esclavo de los deseos o un Ser libre, si verdaderamente hago ejercicio de mi Voluntad del Ser.

Pablo Jozami se define como cocinero, artista plástico, músico y poeta.

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